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Sentimiento de Inferioridad

Hoy en día estamos inmersos en una cultura que juzga más por los resultados (académicos, laborales, deportivos, amorosos) que por la satisfacción y plenitud del saber y experimentar. Nos vemos empujados a seguir los estereotipos dominantes de la sociedad en que vivimos. Se ha de estar a la altura en cuanto a la apariencia física, status social y laboral e incluso tener una determinada personalidad. Y esta constelación de pensamientos pasan factura a algunas personas.

Con frecuencia acuden a mi consulta personas aquejadas de un intenso malestar por no sentirse importantes para los demás. Suelen experimentar síntomas variados:

  • Pueden presentar trastorno de ansiedad y depresión.
  • No suelen ser objetivos consigo mismos y tienden a focalizar su atención en «aquello que les falta» despreciando sus capacidades y rasgos positivos.
  • Relatan que quieren pasar desapercibidos para que los demás no vean su carencia de aptitudes.
  • Hay una excesiva autoexigencia lo que desemboca en una conducta perfeccionista.
  • Suelen tender a la idealización de personas y situaciones que desearían ser o alcanzar.
  • A menudo se ven atrapados en la duda siendo incapaces de tomar decisiones.
  • Hay una tendencia importante a revisar constantemente lo que han dicho o hecho y buscar en que han fallado para tratar de mejorarlo (rumiación).
  • Es frecuente que el sentimiento de inferioridad vaya asociado a una gran timidez.
  • Tienden a la constante comparación con los otros para valorar si son suficientes para ellos.

Ilustración de Sylvia Baba

Pero, ¿cómo se llega a ello? El niño, desde el momento que nace, es evaluado por su entorno. Si, durante su desarrollo, las figuras de apego, profesores, compañeros, le proporcionan apoyo y aceptación por lo que hace o dice construirá una autoimagen de valía. Si, por el contrario, el infante es ridiculizado, humillado, sobre exigido su yo potenciará sentimientos de insuficiencia. Sentirá que no es capaz de dar aquello que esperan de él y desarrollará una hipervigilancia para tratar de colmar los deseos del otro.

Pero ¿hay tratamiento? El sentimiento de inferioridad se puede trabajar en terapia. Es importante que el sujeto reconstruya su propia imagen. Por ello será necesario hacer una retrospectiva hacia su historia vital para localizar las fallas que han llevado a un déficit en la construcción sana de su propio yo (imagen de sí mismo). Es fundamental analizar los pensamientos irracionales y negativos para reconvertirlos en fortalezas. Es importante fortalecer la confianza en sí mismo así como rescatar sus potencialidades. El individuo ha de entender que no se puede dar a los demás todo aquello que esperan de uno. Con el trabajo terapéutico se puede regular la autocrítica destructiva a niveles más objetivos.

Y finalmente entender que todos tenemos nuestras propias limitaciones y no por ello no dejamos de gozar de una autoestima adecuada que nos llevará a una vida plena con talento, creatividad y asertividad.

CONÓCETE MEJOR Y SERÁS DUEÑO DE TUS ACTOS Y EMOCIONES